LA
SONRISA, MENDIGA DEL CARRER DEL BISBE
La sonrisa siempre puesta. Merodean en busca de
una limosna con la mirada perdida. Ella con el rostro
deforme y chato; él con su barba impecable
y tez de beato. Llegan al poyete de piedra de ínfima
medida y se sientan juntos, cogidos de la mano,
con las miradas haciéndose arrumacos. En
la mano, una cajita de madera que es, como la del
ataud del canario de Cafrune, “la misma que
contuviera lapicitos de color”. No aspiran
a llenarla, !y es tan pequeña! Sólo
sonrien, sin atisbo de envidia o de rabia, común
denominador de los mendigos. Piden limosna en estado
puro: lo justo para comer y la felicidad completa.
Ella de la mano de él y él de la mano
de ella. Por el carrer del Bisbe, cuando ellos llegan,
se instala una brisa relajante que aventa las briznas
malas y trae las briznas buenas. En paz descansarán
con su cajita sin que sepamos de dónde vienen,
dónde viven, a qué aspiran, si son
madre e hijo o amantes dispares, porque no hablan,
ni saludan ni despiden, sólo sonrien.
Luis dosmundos,
2003